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De Paulina a Manuel: No aprendimos nada. Por Pedro Kuri Pheres

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En octubre de 1997, el huracán Paulina  dejó a Acapulco, más allá del desastre, una trágica lección para autoridades y población sobre cómo actuar ante fenómenos naturales de alto impacto. 
De Paulina, de entrada, debimos aprender acciones preventivas para evitar el menor número de daños y de víctimas; frenar el desmedido crecimiento de asentamientos humanos irregulares en zonas de alto riesgo e impedir la autorización de construcciones legales en las mismas. 
Lamentablemente, no aprendimos nada. Ni nuestros gobernantes ni nosotros como sociedad.
Así lo puso en evidencia en septiembre del año pasado, 16 años después de Paulina, la atípica tormenta Manuel.  

Tras la devastación de Paulina, el área de Investigaciones Geográficas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) elaboró un estudio sobre población en riesgo que arrojó un total de 3 mil personas y al menos 20 zonas de Acapulco en esa condición. 
Para este 2014, el número de habitantes en riesgo asciende a 14 mil, según cifras de la Dirección de Protección Civil de Acapulco, y un estudio reciente del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) indica que actualmente hay 60 zonas de alto riesgo en el puerto, principalmente en la parte alta del anfiteatro.

No aprendimos nada. El número de habitantes y zonas en riesgo debía disminuir, o al menos mantenerse; no quintuplicarse. Muchas de esas colonias irregulares, hay que señalarlo, han aparecido al amparo de líderes sin escrúpulos  y partidos políticos, por qué no consignarlo, que medran a base de la desgracia. Un ejemplo más: pese a la experiencia de Paulina, el actual gobierno de Guerrero promovió la regularización de 13 nuevas colonias, a través de Invisur y Fideicomiso Acapulco, sobre 465 hectáreas que el gobierno federal desincorporó del Parque Nacional El Veladero, una de las mayores áreas de riesgo de Acapulco por la inestabilidad del suelo. 

Afortunadamente, la tormenta tropical Manuel fue condescendiente con la parte alta del puerto, pero reprendió severamente a la zona Diamante, cuyos daños fueron producto de licencias de construcción irregulares y cambios de uso de suelo indebidos en zonas de humedales  que causaron un enorme tapón sobre las salidas naturales de agua. Y no aprendimos nada. 

¿En qué se falló también, pese lo ocurrido 16 años atrás? En la fase preventiva por parte de las autoridades. La Comisión Nacional del Agua (Conagua) había emitido desde el 11 de septiembre una alerta por cinco días continuos de lluvia, a partir del 15 de septiembre, que fue desestimado por los responsables de Protección Civil estatal y municipal. Las consecuencias: Acapulco incomunicado vía aérea y terrestre, más de 50 mil turistas atrapados, daños incuantificables, víctimas, pánico generalizado. 

Y aunque la tragedia es aleccionadora, la realidad nos evidencia que, lamentablemente, seguimos sin aprender. 

Pedro Kuri Pheres en Facebook
@pedrokuripheres en Twitter 

acapulco.ok@gmail.com

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