El negocio de organizar marchas y protestas en México
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Las marchas y protestas en Ciudad México no siempre son reuniones espontáneas de personas indignadas
Es un negocio reclutar gente y armar grupos pagados para engrosar las más de 20 marchas de protesta que se manifiestan cada día en la capital mexicana.
Foto: Gardenia Mendoza
Por:
Gardenia Mendoza
PUBLICADO: JUL, 26, 2015 6:30 AM EST
MÉXICO.- Se conoce simplemente como “Federico”. Y provoca muchas suspicacias y recelos. No sólo porque va por ahí sin apodo, a diferencia de la mayoría de la mayoría de los rufianes clandestinos, sino porque de boca en boca dicen que está “muy bien conectado” entre las altas esferas políticas y sociales que sustentan el negocio.
Federico Flores se dedica a reclutar gente y armar grupos pagados para engrosar las más de 20 marchas de protesta que se manifiestan cada día en la capital mexicana según recuentos de la Cámara de Comercio, Servicios y Turismo del Distrito Federal.
Es un negocio reclutar gente y armar grupos pagados para engrosar las más de 20 marchas de protesta que se manifiestan cada día en la capital mexicana. Fotos: Gardenia Mendoza
El blanco de la marcha tiene este día un tinte intelectual aunque no siempre es así. Quienes trabajan con “Federico” saben, como buenos mercenarios, que el objetivo a derribar no siempre es el mismo: hoy es la SEP; mañana, el uso de animales en los circos o la inseguridad; contra el maíz transgénico, o los fraudes inmobiliarios.Ventajas de los marchistas
Los partidos políticos cuentan con un presupuesto anual que ronda los 500 millones de dólares que ejercen de manera discrecional y permite desviar recursos hacia marchistas aliados sin que nadie les haga cuestionamientos.
“La protesta social en México se ha desvirtuado a tal punto que ya es muy difícil saber cuándo son auténticas y cuando no”, alerta Nicolás Loza, académico de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. “Hemos visto cosas tales como a gente pagada por el narcotráfico para impedir la llegada del ejército a zonas que están bajo su control o a manifestantes que tiran molotovs en una marcha pacífica”.La ley que intenta regular las marchas
Era un grupo pequeño. No más de 12 personas. Tomaron como escudos las vallas metálicas que la policía del Distrito Federal había colocado a la entrada de la puerta del Palacio Nacional y arremetieron contra ésta una y otra vez y, al ver que no podían derribarla, se fueron con todo y explosivos para incendiarla.
La agresión activó al sistema hidráhulico que evitó el fuego y al congreso federal, que desempolvó una rezagada ley que desde diciembre de 2014 busca regular una “ley antimarchas”, para frenar o, al menos controlar, una creciente protesta social que se concentra principalmente en la capital mexicana.¿Cuánto cuesta?
Tres momentos rojos de las manifestaciones recientes
- La quema de una pipa
El 20 de noviembre pasado, la policía de la Ciudad de México, se enfrentó con un grupo de hombres encapuchados que protestaban por la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa que pretendían bloquear el aeropuerto. En la trifulca, los manifestantes hicieron explotar una pipa de gasolina y los antimotines respondieron la agresión a punta de macanazos hasta controlarla.
Las declaraciones del entonces secretario de Seguridad Pública, Jesús Rodríguez Almeida, le valieron el puesto. “Felicito a mi personal por el trabajo demostrado, el gran valor, gallardía, responsabilidad y sobre todo porque restablecieron el orden público le guste a quien le guste”.- Ataques a una embarazada
En abril de 2015, José Luis Ramírez Alcántara, “El Chómpiras”, encabezó el ataque en el que resultaron hospitalizados dos maestros del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Naucalpan, institución de la que fue expulsado por cometer actos vandálicos e intentar quemar viva a una profesora embarazada en 2013. En octubre de 2014 fue uno de los detenidos por causar disturbios durante la marcha por el aniversario de la masacre de estudiantes de Tlatelolco, en 1968.
- Policías frente a policías
Durante el primer informe de Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, en septiembre de 2013, los policías antimotines del Distrito Federal arrojaron bombas lacrimógenas a un violento grupo de manifestantes que pretendía entrar por la fuerza al Palacio Legislativo de San Lázaro.
Del otro lado de la valla, un sorprendido grupo de policías eederales recibieron el impacto de algunos de los proyectiles. Mientras los protestantes se dispersaban y volvían a agrupar, las fuerzas del orden se debatían con el gas pimienta sin equipo antimotín, entre vómitos y picazón. Finalmente, la policía local logró controlarlos.Acerca @
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