Ayotzinapa: los dos sentidos de la libre expresión
Posted by: Unknown Posted date: 3:26 p.m. / comment : 0
Ha pasado un mes desde que un
grupo criminal, en complicidad con los poderes locales, cometió en Iguala,
Guerrero, el asesinato de seis personas y la desaparición de 43 estudiantes de
la escuela Normal de Ayotzinapa. Desde la mañana posterior a los hechos y hasta
hoy, jóvenes con el rostro cubierto han tomado en al menos siete ocasiones las
cabinas de las principales radiodifusoras en la capital del estado (ABC Radio,
Capital Máxima y Radio Universidad Autónoma de Guerrero), para demandar la
localización de los desaparecidos y, la separación del puesto del gobernador
Ángel Aguirre, lo cual ocurrió ya.
A decir de Sergio Campo, titular
del programa matutino Tribuna Libre en la radio universitaria, y
Cendei Arafat Alarcón, directivo de Capital Máxima, los intentos por usar los
micrófonos en las emisoras privadas se caracterizaron los primeros días por
roces fuertes entre los jóvenes que pretendían dar un mensaje al aire y las
radiodifusoras, cuyos empleados, al paso de las semanas han optado por no
presentar resistencia y permitirles el uso de la cabina.
Alarcón explica que el uso de
diez a 15 minutos de la frecuencia les representa un quebranto de entre cinco y
diez mil pesos por concepto de espacios publicitarios, pero esto se ha obviado
a fin de evitar una confrontación mayor, pues ni Capital, ni ABC Radio (que
transmiten en el mismo edificio) han recibido respuesta de la fuerza pública
durante las irrupciones en sus oficinas. Sergio Campo, por su parte, reconoce
que en su caso, la relación con los estudiantes ha sido menos tensa, pues al
tratarse de una emisora de carácter público, hay mayor disposición para
prestarles los micrófonos.
Si bien los mensajes de estos
grupos se habían centrado en el destino de los normalistas y los escasos
avances para dar con ellos, y habían transcurrido de manera pacífica en
términos generales, la mañana del pasado 25 de octubre los jóvenes usaron la
cabina de Capital Máxima para incitar a la
gente al saqueo de centros comerciales, lo cual fue lamentado
posteriormente por grupos vinculados con la Normal de Ayotzinapa, que
precisaron que su intención era que la gente se “despachara lo indispensable” y
no que se generaran las acciones de rapiña de electrodomésticos, pantallas
planas, aparatos electrónicos y teléfonos celulares que finalmente se dieron.
La estrategia de comunicación
tuvo un pequeño eco en la ciudad de México, donde el viernes 23 un grupo
integrado por jóvenes, al parecer estudiantes en su mayoría, ingresó a las
instalaciones de Tv UNAM, donde consiguieron que se les diera espacio para
transmitir un mensaje relativo a los crímenes de
Iguala y exigir el fin del acoso contra los normalistas
guerrerenses, el cual fue insertado en la pauta programática nocturna del
canal, donde dos representantes del movimiento hablaron lo largo de 15 minutos.
Para la mañana del lunes 27,
también normalistas de Durango bloquearon e interrumpieron las labores normales
de tres
televisoras y una estación de radio como una forma de
solidarizarse con sus pares guerrerenses.
Para el investigador de la UNAM y
especialista en el tema de derecho a la información, Raúl Trejo Delarbre, el
asunto es complejo en cuanto a sus implicaciones para la libertad de expresión,
pues debido a la simpatía por los muchachos se corre el riesgo de contemporizar
con cualquier acción que violente el orden jurídico.
Aunque no cree que ocupar
instalaciones de empresas de comunicación sea el camino más pertinente para
ganar espacios, sí encuentra en estas acciones un recurso para enfatizar su
intención de ocupar un lugar en el debate público, además de que las emisoras
tomadas no son anuladas para decir lo que quieren, sino que se abre un
paréntesis para que estos jóvenes hagan uso del micrófono.
Señala Trejo: “Encuentro
saludable que se conozca el movimiento normalista con todos sus contraluces,
con sus aciertos y defectos. Encuentro saludable que salgan de la marginalidad
que han padecido durante tanto tiempo y encontraría saludable que expusieran sus
razones en todos los espacios posibles, pero que estuvieran también dispuestos
a escuchar y tomar en cuenta razones de otros”. En todo caso, dice, “sería
deseable que estos jóvenes encontraran acceso regular a los medios”.
Hoy los estudiantes de Ayotzinapa
tienen motivos para que la ira se sobreponga a cualquier afán de interlocución,
pero como un actor social que son en el estado de Guerrero, además de exigir
ser escuchados, están obligados también a escuchar, dice el académico.
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